Alina Ruiz: trabajar, invertir y reinventarse en tiempos de cuarentena

Alina Ruiz tiene 41 años. Es cocinera y productora frutihortícola que ha logrado diversificar tareas de producción primaria, en un sentido tan literal que se puede decir que ella y su familia puso huevos en distintas canastas. Los efectos de la pandemia se hacen sentir, pero el empuje y la diversificación de sus actividades en una pequeña parcela de tierra les permiten seguir en pie en medio de la adversidad.

“La tierra es generosa, nos da los frutos para alimentarnos y para vender y vivir de ellos”, resume esta mujer emprendedora, amante de las comidas caseras y regionales.

Vive en la Estancia Don Miguel, Colonia el 42, a escasos doce kilómetros de  Castelli. Desde ese lugar, rodeada de un predio donde hace de todo un poco, como miel, horticultura, ganadería, y por su fuera poco, un restaurante de campo que hace 100 días lo tiene cerrado por la pandemia del coronavirus, le cuenta a NORTE RURAL lo que viene haciendo para no caer no solo en bancarrota sino en un abandono de actividades tan arraigadas a su familia y que son parte de su vida.

“Todo el día se trabaja, y se produce”, cuenta, haciendo referencia a la miel, a las carnes de cabrito, cerdo, pollos camperos, pan casero, tortas, leche de vaca, y una completa y exquisita producción de frutihorticultura que se ha transformado en un pequeño cluster de producción como los melones, las sandias y el zapallo inglés que son reclamados desde los mercados con zonas de alta concentración de gente en el centro del país.

 

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CERRADO, HACE MAS DE 100 DÍAS

El restaurante de campo está cerrado por las medidas de aislamiento social, preventivo y obligatorio impuesto por esta pandemia del coronavirus. “Al estar más de 100 días cerrado, lo que hicimos fue adaptar nuestra forma de trabajo a estas nuevas formas de comercializar nuestros productos”, cuenta. “Hacemos algunas comidas para vender por pedidos”, dice.

Productora frutihortícola y cocinera, Alina puso en funcionamiento su restaurante de campo, al que denominó “Anna”. En tiempos normales, antes de la pandemia, encontrar, a las puertas de El Impenetrable chaqueño, este rinconcito para degustar una buena comida regional, con jugos de frutas de la zona, ha sido un grato honor para quienes transitan por la zona de Castelli.

LA ERA DEL WHATSAPP Y DE LAS REDES SOCIALES

Alina cuenta a NORTE RURAL que los pedidos referidos al restaurante y a la clientela “lo tomamos hasta más o menos las veintiuna horas”. A esa hora, entonces, pasamos lo que es pastas rellenas por ejemplo de cordero rellenas de pato, rellenas de chivo, hamburguesas de cerdo, salchichas parrillera hechas en la finca.“Esos pedidos los cocinamos y envasamos al vacío y al día siguiente en la feria franca se entregan los pedidos que tienen que ver con el restaurante y atendemos al público que tiene que ver con la compra de nuestra producción de campo y referido a la huerta”, comenta, mientras le llegan mensajes de whatsapp con algunos pedidos especiales.

COMO ES LA SEMANA EN LA FINCA

Alina cuenta que de martes a sábado, van a la feria franca que está ubicada en la ciudad de Castelli. El puesto de la feria está en la plaza San Martín, a donde llevan su producción de la huerta. “En este momento tenemos todo tipo de frutas y hortalizas de la época, y tenemos una gran demanda”, cuenta.

Pero también la familia Ruíz cuenta con un apiario donde concentran unas cuarenta colmenas. A eso le agrega los productos chacinados. “Tenemos también en la finca ganado vacuno, y tenemos aves de corral, además de los cabritos y cerdos”.

Una de las actividades que hacen es la faena de cerdos con destino a la elaboración de carnes ahumadas. Hacen envasados al vacío “gracias a una máquina que pudimos comprar y se venden puesto de la feria franca junto a huevos y otros productos lácteos como los quesillos”.

Además están haciendo siembra de sandías, zapallos, melones y lechuga con semillas seleccionadas.

Esto garantiza un círculo de calidad que la familia protege. Luego de una germinación correcta, y pasados unos treinta a cuarenta días se lod traslada a los túneles bajo cubierta y después de ello tenemos la planta asegurada y esperando una lluvia, y lo vamos a trasladar recién a campo una vez que llueva”. Explica Alina que es un método que están implementando ahora de acuerdo a la gran emergencia que hay en cuanto al agua y la escasez de lluvias.

UNA FAMILIA DE TRABAJO, LLENA DE ILUSIONES

Es sin dudas, una familia de trabajo y con muchos sueños por delante, la que tiene Alina. Los desafíos los impuso ahora la pandemia del coronavirus. Pero siempre han tenido adversidades y como ahora, se pudieron reinventar y seguir adelante.

La familia está integrada por Andrés Octavio Ruiz y Susana Hrubik, que son los padres de Alina, junto a su esposo Pablo Olender también Jessica Ruiz, su hermana con su bebé, y suman también en los quehaceres del restaurante aun estando cerrado, Jorge Benitez empleado “que vive aquí con nosotros junto a su pareja Florencia quien me ayuda en el restaurante”, cuenta y suma también a Diego Saldaña, como ayudante de cocina.

“En las 50 hectáreas, por este tiempo convivimos 10 personas: un empleado con su pareja, mis padres, una hermana con su bebé, una tía que regresó de Italia y es la que se encarga de la elaboración de las Conservas, mi esposo y yo”, relata Alina.A las 6 de la mañana—dice—- llega mi hermano menor desde la ciudad para enganchar a su camioneta el carromato que va repleto de nuestra producción para ser comercializado en la feria franca de la ciudad de Castelli, a nos 12 km de la finca, y allí estamos los dos en la venta hasta las 1 de la tarde”.

Fuente: Diario Norte

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