SACRIFICIO, PERSERVARANCIA Y VISIÓN DE FUTURO: LA HISTORIA DE LOS ALEMANES DEL VOLGA

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La rica historia de los alemanes en la región se remonta a los primeros años de la década del 30, aún antes de la fundación de Castelli. Es por ello que esta comunidad de inmigrantes también ha sido protagonista de los primeros pasos del pueblo, junto con las familias de criollos y aborígenes que ya habitaban la zona.
El escritor Castellense Juan José Smidth en su libro “En surcos de Blanco Algodón”, relata que cuando aún era Territorio Nacional, el gobierno de la Nación fomentó el asentamiento de colonos provenientes de países europeos, ya establecidos en la Argentina, con el objetivo de crear colonias agrícolas, de poblar tierras desocupadas e impulsar la actividad agropecuaria en lo que se determinaban como colonia J.J. Castelli y colonia La Florida. Por ese entonces, en esta zona del impenetrable ya se encontraban los asentamientos de pobladores criollos provenientes de Salta que se llegaban al Chaco en busca de mejores pasturas y aguadas. Por su parte, las comunidades aborígenes (tobas y matacos) se hallaban establecidas en las márgenes de los ríos Teuco – Bermejo y Bermejito.
Entre el 17 y el 26 de mayo de 1931 fueron llegando los trenes a Presidencia Roque Sáenz Peña de contingentes con un total de 320 familias de descendientes de Alemanes del Volga provenientes de la provincia de La Pampa. El ferrocarril se detenía en la última estación ferroviaria trayendo a mujeres y niños, además de sus pertenencias personales, traían caballos y herramientas en el sector de carga, en tanto que hombres e hijos mayores de edad hacían este trayecto en carros tirados por caballos arribando semanas más tarde.

SU LLEGADA A LA ZONA

Desde allí se dirigieron 120 Km. al norte en caravana, con carros, bordeando bañados. Al llegar a las colonias ocuparon los campos previamente determinados para cada jefe de familia e hijos mayores de edad; dichas parcelas de tierra contaban con 100 hectáreas de campo, que el gobierno nacional entregaba en condición de ocupantes hasta tanto se pagara la tierra, para obtener luego sus respectivos títulos de propiedad. El deseo de tener su propia tierra, los animaba a seguir adelante, el apoyo de sus pares y la fe inquebrantable en Dios, fueron la base fundamental en esa incipiente comunidad.
Luego de instalarse en sus respectivos chacras fueron levantando las primeras casas, simples y muy rudimentarias, de adobes que ellos mismos construían.
El cultivo predominante fue el algodón, producción desconocida para estos hombres y mujeres que venían de climas fríos donde se desarrollaban los cultivos de trigo y lino en menor escala.
La siembra de algodón se realizaba en pequeñas parcelas no mayores de 10 hectáreas, en los inicios muy rudimentariamente por no contar con herramientas ni el conocimiento básico de cómo hacer su implante.
Además sembraban maíz, batatas, maní y zapallo para el consumo familiar. Tanto la carpida de las malezas como la recolección del algodón lo realizaba toda la familia. Su comercialización se hacía en Presidencia Roque Sáenz Peña, hasta donde en bolsas de yute era transportada en carros, con una carga total de no más de 500 kg, esta travesía se hacía por caminos de tierra, conocidos como picadas, esto le demandaba semanas, dificultados de sobremanera en días de lluvia, propios de esta época del año, para luego volver con mercaderías para la subsistencia del grupo familiar hasta la próxima cosecha; esta travesía era realizada por caravanas de dos o tres carros para que al hacer noche no fueran sorprendidos por eventuales delincuentes.
Además al poco conocimiento, se sumaron las sequías, también las inundaciones y las mangas de langostas, que arrasaban con todo a su paso, tanto sembradíos como pasturas para los animales.

LA LLEGADA DEL TREN

El 17 de junio de 1936 con la inauguración de la línea férrea desde Sáenz Peña hasta el Km. 100, donde ya se comenzaban a levantar las primeras casas, instalar los primeros negocios y la primera desmotadora de algodón. Esto contribuía a mejorar la calidad de vida de la colonia, pudiendo comercializar el algodón, adquirir la mercadería y estar comunicados con el país por medio del ferrocarril. Este asentamiento se llamó Juan José Castelli, de espíritu progresista, siendo una ciudad pujante gracias al oro blanco y al espíritu tesonero de un puñado de pioneros que regaron sus calles con el sudor de su frente. No obstantes, ya en 1928 un pequeño grupo adelantado de alemanes, al conocer la idea se colonizar la zona, se había instalado por sus propios medios en lo que se denominaba Villa Fortuni, formándose un caserío de no más de 10 viviendas, con la llegada del tren a Castelli se trasladaron al nuevo pablado instalándose definitivamente.
Con el paso de las décadas, cientos de familias descendientes de alemanes fueron poblando distintas colonias agrícolas de la región, potenciando como su principal recurso la producción de algodón y la ganadería.

ASOCIACIÓN ALEMANES DEL VOLGA

La comunidad de inmigrantes y descendientes de alemanes del Volga cuenta con una institución que trabaja en la defensa de las más auténticas tradiciones alemanas. La Asociación Alemanes del Volga cuenta con un espacio y una infraestructura para realizar diferentes eventos sociales, culturales, deportivos y recreativos. Año tras año se organiza fiestas en las que se reflejan la cultura musical, las antiguas vestimentas, las comidas típicas y las ceremonias religiosas. En la institución cuentan con un museo histórico con antigüedades que fueron rescatadas de aquellas primeras familias que poblaron la región. El año pasado, se inauguró una de las obras más importantes de los últimos tiempos que la institución pudo hacer realidad este año. La nueva pileta semi-olímpica para toda la comunidad de Castelli.
La Asociación Alemanes del Volga lleva adelante distintos proyectos tendientes a brindarles beneficios a sus socios, pero también es una institución que pone a disposición de toda la comunidad sus instalaciones para actividades recreativas, culturales y sociales.

POEMA “UN PUEBLO QUE CAMINA” Juan José Schmidt

“En medio de la fronda del monte impenetrable, una extensa pampa reposaba sosegada, cual un lago ondulante de espartillos, que los rayos del sol abrazador de los veranos, calcinaban sobre el verde amarillento de los campos.
Irrumpía el silencio sepulcral de la pradera, a toda marcha el traqueteo de volantas, la quietud se acallaba el año treinta, por las ansias de abrazar tierra soñada; piel rojiza, cuerpos amplios y color trigo sus cabellos ondulando, fueron más de trescientas las familias, que al trabajo y al esfuerzo se avocaron; desafiando los rigores de mi Chaco, se afanaron en hacerla producir blancos capullos, y una sólida cultura de matices, en familias numerosas afianzaron.
En medio de la nada abrieron surcos, y un pueblo nacía por impulso, fue un tren que agazapado se internaba, llegando a este suelo de misterio, y a fuerza de sudor, paz y coraje, una estirpe soñadora se hizo carne.
Se sumaron nativos de los ríos, del silencio de los montes milenarios, pintados sus cuerpos color tierra, inundando su rasgo originario, que abrazados en colonias de oro blanco, se mezclaron las culturas tan distantes, para hacer una raza fusionada, en el albor de los sueños consumados.
Desde el norte se sumaron con destreza, nobles gauchos enlazando soledades; correntinos, santiagueños reafirmaron, que una patria era quien nos cobijaba, y al impulso del progreso, todos juntos, apostaron a este suelo de corrientes encontradas, en un punto de armonías en el Chaco.
En el tiempo de soles y de lunas, no detiene su andar el caminante, son ochenta los años que sumamos, los hijos de un pueblo que palpita; al calor de siestas y chicharras, de viento norte en remolinos que en verano, desata duendes de pioneros visionarios, de gente que vino a engrandecer, una tierra libre y soberana, abrazados y sumados al esfuerzo, para que Castelli sea un pedazo de mi patria.
Hoy las calles de mi pueblo juvenil, se inundan de retoños cual capullos, la fusión de culturas y de razas se confunden en plegaria agradecida; somos hijos herederos de una estirpe, una sólida cultura amalgamada, noble unión de muchos pueblos postergados.
Miremos nuestra historia del pasado, vivamos el presente retratado, construyendo todos juntos un futuro, un mañana de sueños concretados”.

Publicado en la Revista «Chaqueña» del diario NORTE el 31/07

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