Video: ASÍ SE CELEBRÓ EL TRADICIONAL CRUCE DE BRASAS EN EL IMPENETRABLE

Apenas pasada la medianoche del domingo 23 de junio,  comenzó el tradicional cruce de brasas  en conmemoración de la fiesta de San Juan Bautista en distintas localidades y parajes rurales del Impenetrable.

En la localidad de Wichí, numerosas familias se congregaron para celebrar esta fecha y revivir una tradición popular que se mantiene a lo largo de muchas generaciones.   personas de todas las edades se animaron a afrontar el desafío de las brasas,  en una fuerte demostración fe en una fecha muy respetada por la feligresía católica.  Además de Wichí, en otros parajes rurales  de la zona se replicaron ceremonias similares  e inclusive fiestas populares. En el siguiente video, se puede observar cómo se vivió esta fiesta en  Wichí, una localidad ubicada en el corazón del Impenetrable chaqueño

 La noche de San Juan 

La noche del 23 junio, vísperas del nacimiento de San Juan el Bautista, ícono de la iglesia católica, es ocasión de celebraciones en el mundo occidental. Allí donde recaló la cultura hispánica, se practican ceremonias y rituales, siendo el más notable el caminar descalzo sobre un colchón de brasas ardientes. Pero la práctica de caminar descalzo sobre brasas encendidas, no es excluyente en las celebraciones del natalicio de San Juan, sino que esta antiquísima práctica se desarrolla en diversas partes del mundo, y no siempre la motivación es la misma.

El cruce de brasas que se practica cada víspera de San Juan, es decir el 23 de junio a la medianoche, constituye una de las prácticas paganas, o adaptaciones del pueblo común al ritual oficial de la iglesia, más impresionantes en toda el área de influencia guaranítica, y también en el interior del Chaco. Constituye un fenomenal acto de fe. Porque afirma la tradición popular que aquel que tiene firme su creencia el santo lo protege y puede pasar descalzo sobre una colchón de brasas al rojo vivo. Claro que no siempre le va bien al corajudo que se anima a demostrar públicamente su fe. Cuando sufren graves quemaduras algunos pasadores, el pueblo encuentra los justificativos para no perder su fe. Afirman por ejemplo que las brasas tenían demasiadas cenizas, o el creyente tenía los pies húmedos, que la leña utilizada no era campana (leña seca que al golpearse suena como campana), y otras afirmaciones tan descabelladas como las descriptas. La quema de la madera campana debe hacerse durante tres horas, y la pila también debe tener una altura de 3 metros. En Europa se utilizaba leña de roble. En Misiones se usa leña de naranjo y en la región chaqueña y correntina, usualmente se utiliza jacarandá, ñandubay, ñapindá o garabato. Toda esta leña tiene la característica de tener bajas calorías. Terminada la quema se extiende un colchón de brasas de 5 ó 6 metros de largo con un espesor de 10 centímetros. Algunos afirman que debe pasarse en pareja.

¿Por qué no queman las brasas de San Juan? 
La Iglesia Católica, interesada principal en mantener el rito pagano porque afirma la fe en sectores no beneficiados por el estudio que ayuda a una interpretación doctrinaria, afirma que se debe a la fe. El antecedente más antiguo que esgrime es el de la ciudad española de San Pedro Manrique. Cuando los árabes invadieron España, los soldados se dedicaban a secuestrar doncellas, para sus harenes y calmar el apetito sexual de la soldadesca. Un natural de la ciudad soriana hizo promesa a San Juan, para que su hermana no fuese secuestrada. Como esto no ocurrió, en demostración pública de su fe cruzó descalzo sobre un manto de brasas de 3 metros de largo por 10 cm de espesor sin sufrir quemaduras. Se comienza desde entonces con la costumbre en Europa. Se citan además pasajes bíblicos, como el de Isaías que afirma: “Si pasas por el fuego, las llamas no te quemarán, porque yo soy Yavé tu Salvador”.

Los científicos afirman que la excitación nerviosa produce una dosis extra de adrenalina, se contraen los vasos sanguíneos, retardando la transmisión del dolor a los centros nerviosos. Los psiquiatras afirman que la neurosis histérica produce “anestesia autoinducida”. Los yogas controlan los centros del dolor con la técnica llamada paragesis. No existe una explicación contundente, respecto de los que consiguen evitar las quemaduras. Lo cierto es que la tradición, sigue en estos tiempos, aunque cada vez se circunscribe a las parroquias barriales y a los centros urbanos del interior y zonas rurales.

(Reseña histórica: Diario NORTE) 

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